La acelerada expansión de la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo múltiples sectores, y la educación en América Latina no escapa a esta transformación. Especialistas consultados advierten que el principal desafío será asegurar la infraestructura tecnológica que permita aprovechar su potencial sin ampliar las desigualdades existentes, reseñó DW.
Eugenio Severín, director ejecutivo de la organización chilena TuClase, sostiene que la IA está modificando la forma de generar conocimiento y organizar datos, por lo que es crucial garantizar que el control final de estas tecnologías permanezca en manos humanas.
Subraya que la velocidad del cambio exige atención constante para evitar que la autonomía tecnológica desplace la responsabilidad humana.
La infraestructura es el primer gran obstáculo. Soledad Ortúzar, directora del Centro de Innovación en Liderazgo Educativo de la Universidad del Desarrollo, señala que sin conectividad adecuada y acceso equitativo a dispositivos, el uso de la IA en la enseñanza seguirá siendo un privilegio de pocos.
A ello se suma la necesidad de contar con personal capacitado para operar sistemas que van más allá de modelos generativos como ChatGPT, incluyendo plataformas adaptativas, análisis predictivos y herramientas automatizadas de evaluación.
La formación docente es otro desafío crítico. Según Marcela Tenorio, investigadora del Centro de Mejora de los Aprendizajes de la Universidad del Desarrollo, la mayoría de los programas de formación inicial no incluye contenidos sólidos sobre algoritmos, ética digital o manejo de datos, lo que dificulta la integración efectiva y segura de estas herramientas en el aula.
Además, la adopción desigual de tecnologías podría profundizar la brecha entre estudiantes de distintos contextos socioeconómicos. Los expertos también advierten sobre la influencia de actores no especializados —como influencers educativos sin respaldo técnico o académico— que fomentan prácticas sin sustento en evidencia y que incluso pueden influir en decisiones de política pública. Más allá de la enseñanza, la IA puede optimizar la carga administrativa en escuelas y liceos.
Ortúzar explica que automatizar tareas de gestión permitiría liberar tiempo para el acompañamiento pedagógico. Asimismo, destaca el potencial de estas tecnologías para atender la diversidad con contenidos personalizados según las necesidades de cada estudiante. Ante este escenario, los especialistas coinciden en la necesidad de marcos regulatorios claros que protejan datos, garanticen transparencia y definan responsabilidades.
Chile ya tomó pasos en esa dirección con su Marco Orientador de Competencias Digitales Docentes, un instrumento que busca guiar el desarrollo profesional frente a la transformación digital sin imponer prácticas rígidas. Para Severín, lo fundamental es preservar el rol central del ser humano: la IA debe ser una herramienta de apoyo que impulse el pensamiento crítico, pero las decisiones finales deben seguir siendo humanas.