El comercio electrónico en América Latina pasó de ser una promesa a consolidarse como una realidad cotidiana. Ocho de cada diez usuarios conectados realizaron al menos una compra online en el último año. Los productos más demandados son los de moda, tecnología, alimentos y viajes. Este resultado evidencia una expansión hacia categorías que tradicionalmente eran dominadas por el canal físico.
El estudio «El Consumidor Digital Latinoamericano» de la consultora venezolana Tendencias Digitales, indicó que no solo se muestra cómo cambió el comportamiento de los usuarios, sino también hacia dónde se dirigen las oportunidades para las empresas en un entorno digital más maduro, más exigente y, sobre todo, más inteligente.
«Los marketplaces como Amazon y Mercado Libre siguen liderando, pero crece el peso de las tiendas online de marcas y los emprendedores en redes sociales, especialmente en Instagram y TikTok. En estos últimos, la experiencia visual y el contacto directo generan confianza. Las compras por impulso conviven con las planificadas, y el consumidor digital latinoamericano ya no se limita a comparar precios: busca conveniencia, rapidez y un servicio postventa confiable», recalcó Carlos Jiménez, director de Tendencias Digitales.
En cuanto a medios de pago, señaló, la región vive una verdadera revolución. Las transferencias entre cuentas, billeteras digitales y pagos móviles se generalizaron. Son impulsadas por soluciones locales como Yape en Perú, SPEI en México o Pago Móvil en Venezuela. La digitalización del dinero, sin embargo, no ha eliminado las brechas: aún existe una porción importante de consumidores que desconfía de dejar su información financiera en línea.
«Detrás de todo esto, el estudio identifica un patrón claro: el consumidor latinoamericano aprendió a comprar digitalmente, pero no de cualquier manera. Exige experiencias seguras, rápidas y personalizadas. En otras palabras, compra con la cabeza, no solo con un clic».
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Hacia un consumidor inteligente
El mayor cambio de los últimos años no está solo en las plataformas o los dispositivos, sino en el surgimiento de una nueva capa tecnológica que redefine la relación entre las personas y la información: la inteligencia artificial (IA).
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el crecimiento del uso de herramientas de IA por parte de los consumidores. Desde chatbots y asistentes de voz, hasta generadores de contenido o traductores automáticos. Estas tecnologías ya forman parte del día a día, aunque muchas veces los usuarios no sean plenamente conscientes de ello.
Más de la mitad de los encuestados utilizó alguna aplicación de IA en el último año. Además, un número creciente la incorporó en su proceso de compra, especialmente para buscar información, comparar opciones y recibir recomendaciones personalizadas. La confianza en estas herramientas aún es moderada, pero crece a medida que su uso se normaliza y los resultados demuestran utilidad real, destacó el estudio.
«A la vez, surgen preocupaciones legítimas: la privacidad de los datos, la posibilidad de sesgos en los algoritmos y el temor a la manipulación o desinformación. Lejos de rechazar la tecnología, el consumidor inteligente pide regulación, transparencia y control. En otras palabras, no teme a la IA, pero quiere saber quién decide, con qué datos y con qué propósito», dijo Carlos Jiménez.
Agregó que «estamos entrando en una nueva etapa: el consumidor inteligente, aquel que combina su intuición humana con la capacidad predictiva de la tecnología. Este consumidor espera que las marcas usen la IA no solo para automatizar tareas, sino para mejorar su experiencia, anticiparse a sus necesidades y ofrecer valor real».
El poder del consumidor inteligente
Después de 20 años de evolución digital, el consumidor latinoamericano pasó de ser espectador a ser el protagonista de la transformación, señaló el director de Tendencias Digitales. Acotó que ya no se conforma con productos buenos o precios competitivos: busca experiencias relevantes, información confiable y relaciones auténticas con las marcas.
«El reto para las empresas es estar a la altura de este nuevo consumidor: uno que investiga, compara, exige y decide con criterio. La clave no está en seguir más modas tecnológicas, sino en entender para qué usarlas. En un entorno donde la información abunda y la atención escasea, las marcas que realmente conecten serán aquellas capaces de usar la tecnología con propósito y empatía».
A su juicio, el estudio deja un mensaje claro: el futuro del mercado no depende de quién tenga más datos o más algoritmos, sino de quién sepa convertir esos datos en conocimiento y ese conocimiento en valor.