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El alza de la actividad económica en Venezuela durante el segundo trimestre del año, se sostuvo en el fuerte crecimiento del sector externo liderado por las exportaciones, acompañadas por un repunte del consumo privado y de las inversiones, de acuerdo con el desglose de las cifras publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV). Los datos muestran que las exportaciones experimentaron un alza de 32,8% en el segundo trimestre del año, en comparación con el mismo lapso de 2025. Este crecimiento es el mayor desde el último trimestre de 2024 y es resultado de una mayor venta de petróleo, luego de la amplia flexibilización de las sanciones estadounidenses que inició en enero. En una publicación anterior, el BCV había informado de un crecimiento de 7,14% del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre, con la actividad petrolera exhibiendo un alza de 9,1%, tras una caída de 2,1% el trimestre previo. Por su parte, las importaciones (los bienes y servicios que el país demanda del exterior), también registraron una variación positiva al crecer 20,7%, luego de dos trimestres consecutivos de caídas de dos dígitos. Además, es su alza más importante desde el segundo trimestre de 2024. El sector externo marca el ritmo de la economía: Exportaciones crecieron 32,8%, según el BCV El sector interno no se quedó estancado y otro componente del PIB que recuperó los números positivos en el segundo trimestre del año fue la inversión (técnicamente denominada formación bruta de capital fijo), que mostró un crecimiento de 14,7% en el segundo trimestre comparado con el mismo lapso de 2025, luego de una caída de 6,78% en el trimestre previo. Por otro lado, el gasto privado experimentó un alza entre abril y junio de 6,95%, en contraste con el mismo periodo del año anterior. Es su avance más significativo desde el segundo trimestre de 2025 y encadena 21 trimestres consecutivos en positivo, una tendencia que marca un proceso de recuperación tras 25 trimestres seguidos de caída. El indicador que no logró recuperarse es el gasto del Gobierno, que profundizó su caída en el segundo trimestre de 2026 al registrar una baja de 1,1%, el descenso más pronunciado desde el primer trimestre de 2021, aunque en una proporción mucho menor. En resumen, la demanda agregada interna, es decir el indicador que refleja el pulso del mercado doméstico creció 3,56% en el segundo trimestre, luego de caer 5,03% en los primeros tres meses del año. El crecimiento del PIB que viene registrando el país en los últimos 21 trimestres ocurre luego de una larga depresión económica que significó 29 trimestres consecutivos en negativo, que además estuvieron atravesados por un extenso lapso de hiperinflación, uno de los factores que explica por qué los valores positivos de la actividad económica todavía no se palpan en el día a día de los venezolanos. Lea más contenido interesante y actual: Sector avícola estima que en los próximos 3 años superarán 1.500.000 toneladas de carne de pollo Sector asegurador venezolano creció un 38,24% en julio de 2026

Venezuela necesitará publicar estadísticas económicas auditadas, definir reglas jurídicas estables y alcanzar un acuerdo sostenible con sus acreedores.

Durante casi una década, la deuda de Venezuela fue prácticamente un activo congelado: papeles financieros que casi nadie quería tocar y un país totalmente apartado de los circuitos internacionales de crédito. Sin embargo, ese panorama ha comenzado a cambiar de forma visible.

Una serie de flexibilizaciones regulatorias en Washington y los primeros pasos formales de Caracas para ordenar sus cuentas han vuelto a poner al país en la mira de Wall Street. Ya no se trata solo de un asunto político o petrolero; para los inversionistas, Venezuela vuelve a ser una oportunidad de negocio, aunque el camino hacia una normalización plena sigue lleno de desafíos.

El punto de partida: ¿qué cambió en las reglas del juego?

El detonante de este nuevo momento ocurrió cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), emitió la Licencia General 58.

En términos sencillos, esta medida autorizó los servicios legales, financieros y de consultoría necesarios para planificar una eventual reestructuración de la deuda venezolana y de PDVSA. La medida no autoriza todavía el pago de dinero ni la firma de acuerdos definitivos con los acreedores, pero levantó la principal barrera legal que impedía que ambas partes siquiera se sentaran a calcular números y diseñar propuestas.

Como respuesta a esta apertura, el gobierno venezolano anunció formalmente su intención de ordenar sus pasivos y contrató como asesor financiero principal a la firma internacional Centerview Partners para liderar la estrategia.

La montaña de la deuda: ¿cuánto se debe realmente?

Calcular la deuda total acumulada por años de impago es un reto complejo debido a la falta de estadísticas oficiales actualizadas durante años. Cálculos recientes de analistas y agencias internacionales sitúan el universo total de obligaciones entre 200.000 y 240.000 millones de dólares.

Para entender cómo se divide esta cifra, los compromisos abarcan varios frentes:

– Bonos de la República y PDVSA: Representan unos 102.000 millones de dólares, sumando el capital original (unos 60.000 millones) y los intereses vencidos que no se pagaron durante la moratoria.

– Deuda con otros países (bilateral): Alrededor de 25.000 millones de dólares, donde destacan entre 13.000 y 15.000 millones correspondientes a China y cerca de 8.700 millones al Club de París.

– Demandas y laudos arbitrales: Más de 20.000 millones de dólares derivados de expropiaciones y litigios en tribunales internacionales.

– Organismos multilaterales: Cerca de 4.000 millones de dólares adeudados a entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF.

– Cuentas pendientes con empresas: Obligaciones comerciales con socios energéticos, como Repsol (unos 4.550 millones de euros) y la italiana Eni (unos 3.300 millones de dólares).

Reacción de los mercados: los bonos cobran vida

La respuesta de los mercados fue inmediata. Al abrirse la expectativa de una solución negociada, los bonos venezolanos que cotizaban a precios de remate comenzaron a subir con fuerza.

El bono soberano de referencia con vencimiento en 2031, que durante años estuvo prácticamente congelado, pasó de cotizar en mínimos a situarse en torno a los 54 y 56 centavos por dólar. Por su parte, el bono de PDVSA 2027 subió hasta el rango de los 35 centavos.

Para los grandes fondos de inversión dedicados a comprar deuda castigada a precio de descuento, la lógica es directa: adquirir títulos baratos apostando a que, en una negociación futura, el país reconozca un valor significativamente mayor. Este apetito ha sido tan tangible que entidades globales de la talla de JPMorgan y Jefferies han evaluado misiones técnicas a Caracas para medir de primera mano el clima económico.

El motor detrás del interés: petróleo y multilaterales

Para que cualquier promesa de pago tenga sentido, el país necesita generar ingresos. En este frente confluyen dos factores determinantes:

1.- La recuperación del flujo petrolero: La producción de crudo se ubica en torno a 1,2 millones de barriles diarios, con proyecciones de alcanzar 1,37 millones hacia finales de año. Empresas internacionales como Chevron, Repsol, Eni, Valero y Reliance han reactivado compras directas y esquemas de operación conjunta que aportan liquidez fresca a la economía.

2.- El contacto con el FMI y el Banco Mundial: En abril se restablecieron los primeros acercamientos técnicos tras años de interrupción. Este diálogo no solo abre la puerta a futura asistencia, sino que podría destrabar el acceso a cerca de 5.000 millones de dólares en reservas especiales que el país mantiene sin utilizar en el Fondo Monetario Internacional.

El verdadero reto: comprar deuda vieja vs. pedir prestado de nuevo

Aunque el entusiasmo actual genera ganancias para quienes compraron deuda a precios de crisis, existe una diferencia fundamental entre especular con bonos viejos y lograr que Venezuela vuelva a ser un emisor confiable en los mercados internacionales.

Ganar dinero en el mercado de reventa de deuda depende de expectativas y licencias; sin embargo, que el país logre que inversionistas le presten dinero fresco a tasas razonables exigirá algo mucho más difícil de construir: confianza y transparencia.

Para llegar a esa meta, Venezuela necesitará publicar estadísticas económicas auditadas, definir reglas jurídicas estables y alcanzar un acuerdo sostenible con sus acreedores. Washington ya abrió la puerta de entrada, pero el regreso definitivo a las grandes ligas financieras apenas está comenzando su primer capítulo.

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